Paraná

La bella ciudad de Paraná, capital de la Provincia de Entre Ríos, tenía en los años 70, esa

hermosa mezcla de "ciudad del interior" que despertaba poco a poco hacia la pujante urbe...

Solo unos años antes se había inaugurado el túnel que por debajo del Río Paraná, 

la une con la ciudad de Santa Fé. Aquella obra maestra para la época, de tres kilómetros

bajo el agua le confirió el título añadido de "ciudad a visitar"...

por suerte, aún no perdió su encanto de pájaros y paisanos pescadores del río.

 

 

"cantonuestro" 

(Paraná 1976-1977)

 

Calle Urquiza 716 de Paraná

 

 

 

     

 

A mediados de los 70 en Argentina, se generaba un desarrollo musical muy interesante,

que se venía fraguando de años anteriores con la “gran explosión” de la música folklórica.

Poetas y músicos innovadores, ponían en manos de excelentes artistas, canciones que serían para siempre, sello inconfundible de aquellos años: César Isella, Tejada Gómez, Falú y Dávalos, Hamlet Lima Quintana, Horacio Guarany, María Elena Walsh, Víctor Heredia, sin olvidar el legado de Don Atahulapa Yupanqui entre otros y grupos como Los Trovadores, Los Andariegos, Cuarteto Zupay, Los de Siempre, Los de Salta, Los de Córdoba, herederos todos de Chalchaleros, Fronterizos, Hnos. Abalos, etc.

En esos tiempos de sensibilidad a flor de piel, con festivales musicales en casi todas las ciudades importantes del país, reunirse con guitarra y bombo para cantar las zambas y chacareras de moda, era un acto cotidiano que casi seguramente desembocaba en unas empanadas criollas o en asadito bien regado…  

Por ese motivo, reuní a tres amigos más, con ganas de hacer cosas nuevas.

Pintamos y decoramos como gauchesca, una vieja casa que había sido discoteca.

Hicimos de publicistas, cocineros, cajeros y artistas y marcamos un tiempo para recordar en la bella ciudad de Paraná, que se llamó "cantonuestro".

 

 

invitación para la inauguración

 

  

Eduardo, Daniel, Rubito y Martinón   

                                                        

Entre locro y empanadas, pasaron por la peña todos los artistas locales de aquella época:

Jorge González y Mariano Balcarce (Tato y Tachuela), Jorge Méndez, Karen y Román, Piquito Caminos, Grupo Apurimak, Mª de los Ángeles Silva, Rubén Alday, Pepe Pirro, Miguel Albarenque, etc.; Jorge Geller y su “familia hablando de amor”, con relatos paisajísticos que nos mostraban una forma distinta de la geografía litoraleña.

También llegaron desde Alta Gracia mis amigas del alma “Las Hermanitas Moreschi”

que entusiasmaron   al público con sus voces y su forma de entender el arte.  

 

 

 

 

 

  

 

   

De las noches con mas encanto, recuerdo de modo muy especial la de “Los Trovadores”,

que eran los “auténticos figuras” de ese momento con canciones como “El Paraná en una Zamba”, “Malambo”, “Zamba del Grillo”, “Canción con todos”, “Paloma y Laurel”, “Puente Pexoa”, etc. Noche inolvidable y lujo exquisito, haber vivido ese momento.

 

También nos visitaron y ayudaban con su presencia: Gina María Hidalgo, Víctor Velázquez, Los Hnos. Cuesta, Miguel Angel Morelli, Los cantores del Alba, Carlos Torres Vila, César Isella… y más…

 

La noche de la inauguración fue muy especial, por supuesto con muchos nervios ya que la sala estaba llena y todo tenía que salir bien. Se me ocurrió hacer algo para “romper el hielo” y ganarnos el primer aplauso.

Organicé una sorpresa: provocamos un corte de luz total y repentino, con lo que se escuchó “el uuyyy” de la gente  (pensando que algo fallaba).

En ese momento desde un rincón de la sala yo comencé a cantar “Zambita para mi Ausencia” a capela con el bombo y una vela se encendió en una mesa cercana; la estrofa siguiente la cantó “Tachuela” desde otro rincón con su guitarra y se encendió otra vela, luego Tato desde otro lugar, arrancó con el punteo de la segunda.. así nos fuímos acercando al escenario, para finalizar en él, cantando los tres con todos los efectos de luces y las diapositivas de fondo.

La gente se emocionó y nos aplaudieron mucho, a partir de ahí todo marchó bien.  

 

 

 

  

 

 

      El sonido estaba a cargo del amigo Cocuza de quien también guardo muy grato recuerdo por su colaboración y entusiasmo. 

Los dos mozos (camareros) estaban vestidos de gauchos entrerrianos, con bombacha batarasa y alpargatas.

Servíamos locro, empanadas y vino. Había café y algún que otro trago.

 

 

   

 

Con el correr del tiempo, caí en la cuenta de lo curioso que resultó el nombre “cantonuestro” (todo junto y con minúsculas).

A muchos les extrañaba este formato que por aquel entonces era desconocido; hoy en día es muy natural, sobre todo por la utilización de Internet… de aquellas, corría el año 1976.

 

 

 

 

  

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