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7 de Noviembre de 1970
Aeroclub de Alta Gracia
Club de Paracaidistas Córdoba
“Los Aerobios”

                 Ya habíamos comenzado un tiempo antes con el sueño de volar... el entrenamiento fue duro, pero al final, los siete Aerobios, saltamos ese día por primera vez.

                 Ser paracaidistas en esos tiempos, implicaba un riesgo grande, ya que el material con que contábamos para saltar era muy primitivo, es decir, paracaídas de seda que solían enredarse y quemarse por la fricción en el
momento de la apertura. Por tal motivo, el esmero en el plegado que hacíamos nosotros mismos, era fundamental, así como la práctica de supuestas emergencias para saber salir de un apuro.

                 Los paracaídas eran totalmente redondos, sin aberturas para el escape de aire, por lo tanto, eran ingobernables. Había que calcular el salto teniendo en cuenta el viento y luego, tirando de las bandas y las cuerdas, tratar de llegar a un “lugar despejado”. Por ese mismo motivo, los aterrizajes solían ser mas fuertes de lo deseado y todo ello requería de un entrenamiento especial..
                  Los siete Aerobios entrenamos en la Aerotransportada de Córdoba, donde corrimos mucho en campo arado, saltábamos de un fuselaje de avión situado a 20 mts. de altura (algo parecido al puenting), practicábamos la caída desde cajones de distinta altura y nos colgaban de un arnés para habituarnos a la posición de caída libre.
                   Menos mal, que todo esto lo hacíamos por nuestra propia voluntad, porque de lo contrario, estaríamos hablando de no sé que barbaridad!!!
                   Bien, después de todo eso comenzaban los saltos que eran de apertura automática, es decir, una cuerda quedaba atada al avión y al tensarse, desplegaba el paracaídas. Al cabo de diez o doce saltos automáticos, entonces si, comenzaban los de apertura manual y por fin... comenzábamos a volar!!!

 

                  Creo que todos recordaremos el momento del primer salto!!! Una sensación indescriptible, mezcla de temor y coraje, de pequeñez y grandeza, de dependencia y de libertad... imposible de olvidar!!!

                  Después del 70, seguí saltando en Paraná con otro grupo de amigos, pero fundamentalmente con Miguel Samela y Fernando Pierrou, con los que llevamos adelante la Brigada de Paracaidistas Dédalo, dependiente del Aeroclub de Paraná. Con materiales mas avanzados, aunque escasos, nos buscábamos la forma de saltar a bajo coste, haciendo festivales aéreos y saltando en las plazas de los pueblos, en el autódromo y en la playa...  Que tiempos!!!
                 
                   Esta época me duró a mí hasta el año 77, luego tomé otros rumbos, pero no olvidaré ese grupo de amigos maravillosos, de los que recuerdo entre otros a Cachi y Chucu, al “pendex Fernandito”, al “mono Oliva”, a Robles, Almada, a Beto Falco, “el bicho Pedernera”, “al tierno”, a Bazán, Álvaro Piérola, Maidana, Marito Brunengo, el mecánico Enrique y todos los que se acercaban al Aeroclub, aunque no saltaran, con el único motivo de participar de aquella “peña de locos”.

                   Y dejé, finalmente para recordar, de modo muy especial a mi amigo Damián Acosta, que murió el 17 de Agosto de 1975, cuando saltábamos en el Aeroclub de Santo Tomé en Santa Fé. Juntos, participábamos en un  “campeonato de precisión por parejas”. En el último salto de la competición (de 800), cuando matemáticamente,
ya habíamos ganado el campeonato y en el último de los saltos que debíamos hacer, “el negro” se enredó con las cuerdas en la apertura y ya no pudo salir de ese trance. Fue un buen compañero y buena persona que todos sus amigos y especialmente los paracas de aquel entonces, recordaremos siempre con mucho cariño.
 
                   Seguramente, en este apartado volcaremos muchas fotos y recuerdos de aquellos años hermosos de juventud y aventura. Con cariño para todos los “aerobios” los “Dédalos” y los “Ícaros”

                                                                                              Daniel

 

Algunos paracaidistas en el Aeroclub de Paraná:

Samela, Acosta, Oliva, Calá, Dalmau, Almada y Pierrou

 

"con el cuerpo confiado en la tela, puesta el alma en las manos de Diós"